La política tiene dos caras. La primera es pública y obvia: Las campañas electorales; las fotos con bebés, ancianos y retroexcavadoras; los discursos que nos unen y nos enemistan; las promesas, que a veces hasta se cumplen; en fin, el juego democrático que en su mérito y su vulgaridad permite a los ciudadanos dar algo de dirección al país.

La otra cara es lo que llamamos las “políticas públicas”. Algunas de éstas, como los grandes proyectos de infraestructura, son muy visibles, pero otras, aunque importantes, tienden a pasar desapercibidas. No todos saben que existen las ordenanzas de zonificación, que determinan qué se puede construir en cada lugar, ni son bien conocidos los métodos para evaluar y mejorar la calidad de las escuelas. Muchas políticas públicas, aunque obviamente importantes y valiosas, no producen titulares, y sin embargo determinan el carácter y calidad de muchos aspectos de nuestras vidas.

Durante años me han fascinado las políticas públicas, desde los carismáticos megaproyectos hasta los ignotos mecanismos internos de las alcaldías. Esta fascinación me llevó a estudiar Derecho, Economía, Ciencias Políticas y Filosofía en la universidad (larga historia: al final me gradué de Estudios Liberales en Países Bajos) y, a lo largo de los años, a leer resmas de artículos, semanas de podcasts y unos cuantos libros sobre estos asuntos.

Cuando emprendí este camino, mi intención era trabajar en un think tank o en la administración pública, y al mismo tiempo dar clases en la universidad. Ocurre que la vida me ha llevado por otra senda, pero nunca he perdido este interés ni dejado de aprender. Con el tiempo, descubrí que no me vendría bien trabajar meses y años en un área específica de la administración pública: Si bien me puede interesar un tema por un buen tiempo (durante el cual aprendo todo lo posible sobre él), eventualmente encuentro una nueva fascinación que prefiero perseguir.

Creo que más bien nací para aprender y compartir lo que aprendo, pensar y compartir lo que pienso. Aunque aún deseo dar clases en la universidad, concluí que es innecesario esperar, y que, al menos, puedo poner sobre la mesa temas que quiero conversar con quienes tienen intereses similares a los míos.

Notarás que escogí una plataforma curiosa para compartir estas ideas en 2026: Esta no es una cuenta de Instagram ni un Substack, sino un blog del que nadie se va a enterar a sin que le manden el link; sin notificaciones, likes o comentarios. Este es un lugar callado y poco transitado de internet; el sitio perfecto para alguien que quiere escribir sin presión y recibir comentarios de gente de confianza.

Anteriormente he publicado en Caracas Chronicles, e incluso di una charla sobre urbanismo en Caracas Design Week. No le tengo aversión a exponer al mundo lo que pienso y disfruto mucho de hablar en público, pero cuando hago estas cosas, quiero hacerlas bien, quiero presentar algo pulido, bien investigado, serio, profesional. Un blog como este es un lugar para escribir sin presión, para dar forma a mis ideas y, si surge el interés, convertirlas más adelante en algo más pulido y más público.

Notarás también que no he mencionado la situación política de Venezuela. Sobre esto, no tengo nada nuevo que decir. Muchas de las ideas que compartiré en este blog tienen como requisito previo una democracia real y una administración responsable ante su ciudadanía. Pero creo que es importante colocar sobre la mesa temas que durante décadas hemos descuidado: la movilidad socioeconómica, la seguridad vial, la educación en salud, la eficiencia de los trámites. Sobre estos temas, creo que mi voz suma algo nuevo y puede crear conversaciones interesantes y valiosas.

No soy ingenuo ante la relación entre la política electoral y las políticas públicas, más bien, quiero ubicarme en el punto medio de esta relación. Los políticos necesitan buenas ideas y buenos proyectos para ejecutar cuando sean electos: Quiero darles material de calidad. Los políticos necesitan un público informado que reconozca el valor de acciones importantes pero poco visibles, para que emprenderlas no sea un desperdicio de capital político: Quiero formar esa ciudadanía. Aunque compartiré algunas ideas propias, también quiero popularizar el conocimiento de expertos que no siempre se expresan de forma comprensible y convincente para los políticos y el electorado.

En fin, mi ambición y esperanza es hacerle más fácil el camino a los políticos para hacer cosas buenas y útiles con el poco tiempo que (debería) durar su mandato. ¿Lograré eso con un blog que nadie lee? Por supuesto que no, pero quizás este es el comienzo de algo más grande. Si estás leyendo esto, me gustaría que me ayudes a hacer este sueño realidad: Opina sobre lo que leíste, cuéntame tus ideas, corrige mi redacción, comparte el blog con alguien que le pueda interesar, o, ¿quién sabe? si llego a escribir algo que lo merezca, preséntame a alguien que quiera darle mayor difusión o incluso hacerlo realidad.

O simplemente usémoslo como tema de conversación para unas cervezas. En fin, mi otro objetivo es más personal: tener conversaciones interesantes con gente interesante.